¡Zas!

Te sueltan esa frase: “Tienes cáncer”. Y miras hacia atrás para ver a quién se lo están diciendo. ¿Quién será el pobre desgraciado o desgraciada al que le ha tocado la china?. Pero detrás de ti no hay nadie, sólo una pared blanca. Así que no forma de escapar.

Entonces, en el mejor de los casos, te acuerdas de todas las fases por las que pasó Homer Simpson en una situación similar:

Pero la verdad es que no es el sentido del humor lo que normalmente suele aflorar en estos momentos.

En mi caso, salvo algunos momentos de bajón, que tuvieron que aguantar mi marido y mis hijos, me puse mi armadura, cogí una espada y como si fuese Juana de Arco, me dirigí a la batalla, dispuesta a vencer a la bestia. Porque es lo que se esperaba de mí, o al menos eso creía yo. ¡Qué daño hacen la tele y las películas!

El día de mi cumpleaños, en vez de estar en Suecia con mi pareja, como tenía programado, estaba metida en la máquina de radioterapia con los lagrimones cayéndome por la cara. Y el resto del tratamiento lo compaginé con un nuevo trabajo.Trabajaba de 8 a 18 h. Después cogía un tren y un metro y tras una hora y media llegaba al hospital para recibir mi sesión diaria de radioterapia. Así 25 sesiones seguidas, descansando solo los fines de semana y fiestas de guardar.

Acabé hecha un trapo durante ese periodo y los siguientes meses. Por supuesto perdí mi trabajo. Para ser más exactos, me despidieron. Me dijeron que era muy lenta. Tócate las narices.

¿Qué aprendí de aquel periodo de mi vida?

  • Como antes pasó a otras y otros en mi situación, yo no fui una excepción. Me dí cuenta del tiempo perdido en chorradas, discusiones y enfados absurdos, soponcios por cosas que no merecían la pena…todo aquello, en ese momento, me pareció ridículo. En cambio, disfrutar del sol, de la naturaleza, pasar el tiempo con mi pareja, hacer felices a mis hijos y a mis personas queridas…esas cosas empezaron a ser mis prioridades, al menos en mi cabeza. Luego la vida real no era tan idílica, pero esa era mi intención.
  • Comprendí que tengo una familia increíble. Fue muy importante para mí sentirme querida en aquel momento.
  • En cuanto a amigos y conocidos, supe quién estaba a mi lado y quién no. Hay quien desapareció de mi vida de forma misteriosa. Han pasado 4 años y aún no tengo noticias. Igual pensó que el cáncer se contagia (OMG!!)
  • Y también aprendí que casi tan dura como la etapa de la enfermedad iba a ser lo que venía después. Cuando terminé el tratamiento y me dijeron que aquello había “terminado”, bailé, canté y lo celebré. Me dijeron que tenía que volver para las revisiones, pero lo veía tan lejano…

Nadie me habló de las secuelas físicas y psicológicas.  Ni del miedo en cada revisión durante 5 años, quizás más.

Toda la atención que te prestan al principio, se pierde al quedar en el olvido la enfermedad.

Pueden olvidarse de la enfermedad (afortunadamente, por otra parte), pero yo no he vuelto a ser la misma.

Las personas que hemos sobrevivido a un cáncer nos sentimos inmensamente afortunadas.

Pero también sobrellevamos unas secuelas de diverso tipo, de mayor o menor grado, que necesitamos, pedimos, exigimos, sean tenidas en cuenta. 

 

Continuará…porque el tema merece la pena.

 

 

 

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