Me ha vuelto a pasar. De vez en cuando me ocurre y no puedo evitar que me salga la mala madre que llevo dentro.

Caminando por las calles de mi pueblo no dejo de ver madres con sus hijas mayores, compartiendo un paseo, unas compras, una charla con café, o empujando un carrito de bebé. Se parecen entre ellas. Como nosotras. Y la añoro. La añoro muchísimo. Pero también me enfado.

¿Por qué se fue? ¿Por qué se fue tan lejos? ¿Por qué no vuelve? ¿Por qué no puedo hablar de ello?

Hablar de ello es ser mala madre, porque se supone que debo saber todas las respuestas y porque no debería pedirle nada. No tengo derechos. Es su vida.

Pero la verdad es que los padres no somos dueños de nuestros hijos.

Ni de niños, ni de adultos. 

Mi madre dejó a su familia en Tenerife para irse con mi padre a vivir a Madrid en los años 50, cuando no había facilidades en transporte ni en comunicaciones. Aquello debió ser como irse a Singapur.

Yo dejé Madrid para vivir con mi marido en Palma de Mallorca. Aún recuerdo a mi padre llorando a lágrima viva el día que me fui.

Y varios años después, contra todo pronóstico, continuando la “maldición” femenina de la familia, nuestra hija se fue Singapur.

Mi abuela ya había fallecido cuando mi madre se fue. Pero me pregunto cómo superó mi madre mi marcha. ¿Quizás porque tenía otras dos hijas?. Yo también tengo otro hijo. Y aún así, no soporto la ausencia de ella.

Hablamos prácticamente todos los días. Es mi consejera, mi coach, me cuenta mil cosas, me anima cuando estoy de bajón, me orienta cuando estoy perdida, confía en mí y yo en ella, la adoro…por eso sé que es una putada hablarle de estos sentimientos.

No quiero ser una mala madre, así que no le diré que cuento los días hasta que vuelva a casa.

Te quiero Lara.

Poema de Khalil Gibran, poeta, filósofo y artista libanés

Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.

No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

 

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1 Comment

  1. No es ser mala madre querer tener a tus hijos cerca de ti para acompañarlos ayudarlos o simplemente estar cerca de ellos por si te necesitan, y precisamente tu has sabido ser muy generosa con tu actitud con tus hijos, que sientas la necesidad de tenerlos cerca y lo digas no creo q sea malo es natural porque al mismo tiempo les has dado la libertad de irse, muchas madres no somos capaces de tener esa generosidad, un beso , te quiero hermanita❤️ . Precioso el poema

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